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Sollozos intermitentes de un alma herida. De un pecho de cobre, ya oxidado. De veinte muertes y veinte vidas.
Sollozos de reflexiones irresolubles. De nihilismo alrededor del cuello. De humedad y frío en el pensamiento.
Llantos de una juventud ya ajena. Golpes de metal. Golpes de tristeza. Puñaladas de sal en la espalda ajada. Puñales invisibles, puñales de traición.
Campanas turbias de fondo. Campanas claras de fondo. Vidrieras. Al fin, esperanza.
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