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Le escribí unas palabras a la mujer de nácar. A la mujer etérea que trascenderá y arropará mis sueños. A la dama inalcanzable. Tal vez ella no las lea. Tal vez tampoco vosotros:
Salta. Salta como si mi amor importara y quisieras jugar con él. Salta. Como si con tus dedos quisieras llegar a tocar la cornisa de la torre que alguien construyó, en otra vida, pensando en nosotros. Salta. Hacia mí o hacia las estrellas. Salta para no ahogarte en el arroyo de lágrimas de cuervo.
Princesa de un reino de neón que jamás llegó a existir, de un paraíso de deseos quebrados. Salta, niña, salta.
Salta a través del tiempo, quizás nos encontremos en el futuro. Salta y corre… Y no mires atrás.
Nota: un cuervo me robó el corazón, pero no el alma.
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